-¿Qué es el Estado si no es la organización del poder?- Mijail Bakunin
La política se definió en sus orígenes como: "El arte de hacer feliz al pueblo". Hoy en día, el termino ha pasado a ser un sinónimo de negocio y explotación.
El estado es la acumulación de poder de uno cuantos llamados clase política cuyo fin no ha sido otro que el de mantenerse en el poder. Ningún partido político, sin excluir a ninguno, tiene otro propósito que el enriquecimiento y la acumulación de poder de el mismo para beneficio de si mismo.
La represión que ejerce el Estado sobre la clase obrera es sutil y persuasiva. Lo que en otro tiempo fue violencia hoy día se a transformado en algo llamado democracia con la que juegan en nombre de una justicia, la cual tiene vendados los ojos, pero que, según que o a quién, la quitan o ponen la venda. Su democracia y su justicia están amparadas por una constitución que beneficia siempre el mal uso del poder que ejercen sobre quienes están abajo. Pero el problema es que no somos conscientes de que el poder lo tenemos nosotros.
La clase obrera es quien, con su sudor y sus lágrimas, levanta y sostiene el sistema y el Estado y, por tanto, mantiene a esa clase política que utiliza el sufrimiento y las necesidades del pueblo para mantenerse en el poder. Cada uno de nosotros mantiene la bota del enemigo sobre nuestras cabezas cada vez que nos recortan la libertad y nos hacen pagar sus errores. Cada uno de los que formamos el pueblo otorgamos más poder al Estado y sus manos ejecutoras cuando consentimos que nos utilicen porque igual que lo construimos lo podemos destruir.
La política se definió en sus orígenes como: "El arte de hacer feliz al pueblo". Hoy en día, el termino ha pasado a ser un sinónimo de negocio y explotación.
El estado es la acumulación de poder de uno cuantos llamados clase política cuyo fin no ha sido otro que el de mantenerse en el poder. Ningún partido político, sin excluir a ninguno, tiene otro propósito que el enriquecimiento y la acumulación de poder de el mismo para beneficio de si mismo.
La represión que ejerce el Estado sobre la clase obrera es sutil y persuasiva. Lo que en otro tiempo fue violencia hoy día se a transformado en algo llamado democracia con la que juegan en nombre de una justicia, la cual tiene vendados los ojos, pero que, según que o a quién, la quitan o ponen la venda. Su democracia y su justicia están amparadas por una constitución que beneficia siempre el mal uso del poder que ejercen sobre quienes están abajo. Pero el problema es que no somos conscientes de que el poder lo tenemos nosotros.
La clase obrera es quien, con su sudor y sus lágrimas, levanta y sostiene el sistema y el Estado y, por tanto, mantiene a esa clase política que utiliza el sufrimiento y las necesidades del pueblo para mantenerse en el poder. Cada uno de nosotros mantiene la bota del enemigo sobre nuestras cabezas cada vez que nos recortan la libertad y nos hacen pagar sus errores. Cada uno de los que formamos el pueblo otorgamos más poder al Estado y sus manos ejecutoras cuando consentimos que nos utilicen porque igual que lo construimos lo podemos destruir.
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